Fuente: ABC

Los agentes de la guarda
Trabajadores medioambientales y forestales han asumido el traslado de pacientes y de medicamentos en un medio rural en el que se preparan ya para apagar otros fuegos

Los Agentes amplían sus funciones durante la pandemia

En el mes de junio comienza la temporada de peligro alto de incendios y antes de ella muchos años hay algún pico de riesgo por olas de calor tempranas o una situación delicada de sequía. Por ello en una primavera al uso el día a día de agentes medioambientales y forestales en los meses de marzo y abril estaría centrado en preparar el terreno y los medios con los que prevenir incendios o incluso con manguera en mano tratando de apagar ya alguno, además de la vigilancia del patrimonio natural. Pero este año nada ha sido normal. Y esas labores han tenido que ser compaginadas con la batalla contra el Covid. Conocedores del terreno rural, a veces remoto y de difícil acceso, y acostumbrados a librar guerras con un enemigo impredecible y voraz que avanza campo a través, estos ángeles de la guarda del bosque han incluido en su jornada el traslado de pacientes al hospital, el reparto de medicamentos o la desinfección de pueblos, con el fin de reforzar a las fuerzas de seguridad y militares allá donde no podían llegar, según explica el portavoz autonómico de la Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales, Esaú Escolar.

De acuerdo con los datos de la Junta 847 trabajadores -conductores, técnicos de carreteras, celadores, agentes medioambientales...- han realizado más de 6.000 servicios de apoyo. Con el panorama asistencial que dejó la pandemia en sus momento más duros, una de las labores que pilotaron con sus vehículos fue el traslado al Hospital a pacientes que nada tenían que ver con Covid y cuyas patologías no entienden de parones. Sus tratamientos tenían que continuar. Hasta entonces se desplazaban en ambulancias, pero éstas empezaron estar muy solicitadas. Así que fueron llamados a filas.

Comenzaban a primera hora y recorrían la provincia llevando a estos ciudadanos desde sus hogares en domicilios particulares o residencias al Hospital. De uno en uno y previa desinfección del habitáculo cada vez que se cambiaba de «viajero». La gente se presentó «voluntaria» y se han «volcado con ellos», señala David Martín, un agente medioambiental que opera en Segovia, que, por la delicada situación sanitaria a la que se enfrentó, es una de las provincias en las que más se han movilizado.

Acciones de vigilancia en el patrimonio natural

También lo han hecho con el reparto de medicamentos que con el riesgo que implicaba acudir al hospital se optó por que fueran llevados a los domicilios de los pacientes, tanto en la capital como en el medio rural. Muchos puntos salpicados por la provincia de Segovia en la que «siempre han sido muy agradecidos».

A ello se sumó la movilización de materiales de protección que había que llevar a residencias o centros sanitarios y la desinfección de pueblos a través de sus camiones nodriza con capacidad para 5.000 litros que se adaptaron al producto para poder eliminar al virus de las calles a petición de los alcaldes. Hay enclaves, como la comarca forestal de Navafría, en los que se ha acudido al rescate de más del 85 por centro de las localidades.

Los riesgos de la normalidad

Entre transporte y transporte, han ido avanzando en la prevención de incendios, poniendo a punto camiones, caminos y acceso a puntos de agua, e intensificado la vigilancia del medio, natural al tener que controlar en estos puntos el cumplimiento del estado de alarma. «Hay gente que no es respetuosa», dice el citado agente medioambiental recordando cómo hace unas semanas se sorprendió a cinco personas acampando en pleno Parque Natural de Guadarrama.

Con la bajada de la carga asistencial las labores de apoyo sanitario que les fueron encomendadas han ido disminuyendo. Sin embargo, la lenta desescalada seguirá condicionando su futuro cercano. El control del medio natural y su vigilancia creen que se tendrá que intensificar, porque aunque en algún momento habrá libertad para acudir a él hay un «cierto respeto» a la posibilidad de que las áreas recreativas de estos espacios sean un lugar más común de esparcimiento. En ellos, en pleno verano, determinadas imprudencias pueden suponer un «riesgo real» para los incendios forestales. Una colilla o una barbacoa en el sitio menos adecuado pueden prender la mecha.

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