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Asosiación Española de Agentes Forestales y MedioambientalesAsosiación Española de Agentes Forestales y Medioambientales

Fuente: OSBO

Entrevista a José Joaquín Aniceto, Agente Medioambiental de Andalucía especialista en investigación de causas

“La investigación de causas es sinónimo de prevención”

Entrevista a Joaquín Aniceto sobre la investigación y prevención de incendios forestalesJosé Joaquín es Agente Medioambiental por vocación. Fue uno de los primeros en acercarse curioso a los novedosos cursos de investigación de causas en incendios forestales, intuyendo que aquello podía suponer un enorme paso en la lucha contra los incendios. No le falló la intuición, hoy no podemos entender un dispositivo sin un departamento de investigación de causas.

Él ha vivido la evolución en los conceptos, métodos y medios con los que se realiza esta investigación. Como otros profesionales, ha aportado su análisis para disponer de una estadística de incendios a nivel nacional que es una referencia internacional y que ha permitido establecer políticas y tomar decisiones que han conseguido reducir el número de incendios forestales.

Usted fue uno de los pioneros en utilizar el método de investigación de causas como prevención de incendios forestales ¿Qué fue lo que le hizo interesarse por esta cuestión?

Siempre he sido una persona de mente inquieta. Cuando me plantearon la posibilidad de hacer un curso novedoso sobre técnicas para la investigación de los incendios forestales no lo dudé. Sabía que era una oportunidad única para aprender nuevas metodologías de trabajo y aplicarlas en algo tan relevante de nuestra profesión como son los incendios, cuyo origen, en la mayoría de los casos, era desconocido o bien aplicábamos únicamente la intuición para establecer la causa.

¿Qué valor tiene la investigación de causas en la lucha contra los incendios?

Investigación es sinónimo de prevención. La investigación nos facilita la determinación del origen del incendio y, en algunos casos, la autoría, de manera que podamos emprender las acciones, ya sean administrativas, penales o civiles contra el responsable. Pero, por encima de ello, nos da un diagnóstico del problema, conocer qué ocurre para saber cómo puedo combatirlo. Podríamos hacer un símil con las estadísticas de los accidentes de tráfico, saber qué causas son las que motivan las muertes en carretera nos permite incidir en los elementos que los generan, de manera que podamos si no evitarlos, al menos minimizarlos.

Ese diagnóstico que facilita la investigación de los incendios nos debe abrir la luz para poder aplicar políticas preventivas de diferente diseño o calado, según la casuística. En algunos casos puede ser la identificación de los factores de riesgo, por ejemplo: las cosechadoras que todos los años producen incendios en la interfaz agrícola-forestal; o la implementación de medidas que logren la conciliación de intereses, como los incendios producidos por ganaderos, que en determinadas comarcas podrían resolverse con un programa de quemas prescritas.

Usted ha citado en alguna ocasión dos etapas en la evolución de la investigación de causas: una primera que buscaba la causa de la ignición y una segunda que buscaba las motivaciones. ¿Cuándo se dieron cuenta de que debía ampliarse la investigación a las motivaciones y por qué?

Bueno, en mi modesta opinión, hay claramente dos etapas dentro de la EGIF. La primera es hasta 1994, año en el que empieza a implantarse la metodología de las evidencias físicas para la investigación de los incendios forestales. Hasta ese momento la causa la dábamos de manera intuitiva, sin ninguna base científica que la apoyara e incluso confundiendo términos como la piromanía y la intencionalidad. La segunda etapa de las estadísticas elaboradas es a partir de 1994, aunque con diferente nivel de implantación en las comunidades autónomas. La causa ya venía avalada por una metodología con base científica, de carácter deductiva e inductiva.

Posteriormente, entendimos que la codificación que se mantuvo desde 1968 hasta 1997 era del todo insuficiente, necesitábamos desgranar aún más las diferentes motivaciones de los incendios intencionados y catalogar con mayor exactitud las causas accidentales y negligentes, precisamente para poder facilitar el análisis estadístico. No tenía sentido, por ejemplo, meter en un mismo saco las líneas eléctricas, que originaban incendios por causa accidental, a las que producían incendios por negligencia al no observar la normativa que las regula.

En 1998 se dio un gran paso con la nueva codificación de causas, que ha terminado de depurarse en 2016 con la novena modificación del parte de incendio de la EGIF, donde, por ejemplo, las radiales y equipos de soldadura, como grandes productores de incendios, tienen ahora su propio código, o donde la piromanía se abre al abanico más amplio y realista de la enfermedad mental.

¿Qué supuso en la lucha contra los incendios este nuevo enfoque?

Supuso un punto de inflexión, un cambio total de mentalidad. Quizás ahora no somos conscientes de ello, pero fue una modernización en la filosofía y planteamientos de los incendios forestales. Antes del 94 sólo nos preocupábamos de la extinción, sin más, y de la valoración económica del daño producido en los productos forestales, pero a partir de ese momento se le empezó a dar importancia también a la causa que lo originaba. Prueba de ello fue la creación de las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales (BIIF), compuestas por Agentes Forestales o Medioambientales en casi todas las comunidades autónomas, convirtiéndose en la primera especialización más o menos reglada dentro de este colectivo.

El trabajo de las BIIF tiene a sus espaldas un prestigioso reconocimiento profesional no sólo en los dispositivos de extinción y prevención, sino también entre jueces y fiscales, que han llegado a reconocer el valor pericial de sus informes en multitud de sentencias condenatorias.

La investigación de causas fue una modernización en la filosofía y planteamientos de los incendios forestales. El trabajo de las BIIF tiene a sus espaldas un prestigioso reconocimiento profesional no sólo en los dispositivos de extinción y prevención, sino también entre jueces y fiscales, que han llegado a reconocer el valor pericial de sus informes en multitud de sentencias condenatorias.

¿Ha alcanzado la investigación de causas la importancia que se presumía en un primer momento?

Sí y no. Si queremos ser triunfalistas podemos asegurar que hemos conseguido muchas sentencias condenatorias, sanciones administrativas o indemnizaciones por daños que incluso han hecho cambiar la política de algunos sectores. Pongo como ejemplo a las compañías eléctricas, que se tuvieron que poner las pilas, si se me permite esta expresión, en revisar el mantenimiento de las líneas de alta tensión e invertir en el control del cumplimiento de las distancias de seguridad de los conductores a la vegetación arbórea.

Pero, si somos algo autocríticos, echo en falta una mayor dedicación al análisis global de causas y motivaciones con una visión prevencionista. En la administración pública seguimos siendo muy buenos en la línea de trabajo reactiva, pero nos falta tiempo y dedicación para profundizar más en la línea proactiva, prevenir antes que curar.

Si queremos ser triunfalistas podemos asegurar que hemos conseguido muchas sentencias condenatorias, sanciones administrativas o indemnizaciones por daños que incluso han hecho cambiar la política de algunos sectores.
si somos algo autocríticos, echo en falta una mayor dedicación al análisis global de causas y motivaciones con una visión prevencionista. En la administración pública seguimos siendo muy buenos en la línea de trabajo reactiva, pero nos falta tiempo y dedicación para profundizar más en la línea proactiva, prevenir antes que curar.

¿Existen diferencias en cuanto al método en la investigación que se hacía cuando comenzaron a la que se hace en estos momentos?

El método viene a ser el mismo, lo que puede variar es la experiencia acumulada y la accesibilidad a nuevos instrumentos de trabajo. Al principio usábamos un psicrómetro de carraca para determinar el grado de combustibilidad a través de las tablas de determinación de la humedad del combustible ligero muerto, ahora contamos con aparatos de precisión o con una amplia red de estaciones meteorológicas que nos facilitan los datos de manera inmediata, aunque sigamos usando después esas mismas tablas. Antes realizábamos los croquis a mano alzada para establecer el área de inicio o teníamos instalado en el ordenador de casa una versión pirata del Arcview, mientras que ahora, con determinadas aplicaciones que llevamos en el móvil, levantamos el perímetro del incendio sobre la marcha y lo estamos enviando al instante al centro operativo provincial.

La estadística de incendios del Ministerio es una base de datos de casi 600.000 incendios que nos han permitido retratar los incendios y sus causas a nivel nacional. ¿Qué importancia ha tenido en la lucha contra los incendios en España?

Ya sea a nivel local, comarcal, provincial, autonómico o nacional, la estadística de los incendios forestales nos permite obtener una foto fija, por un lado, y una proyección en el tiempo de lo que viene sucediendo, por otro. Esa diagnosis nos debe servir para ver la evolución que ha tenido una determinada causa o motivación a lo largo del tiempo, cómo pueden influir los usos del territorio (ganadería, caza, política forestal), la evolución de las infraestructuras, la dinámica de población en diferentes áreas, ya sea por despoblamiento de las zonas rurales o por una mayor concentración en zonas de interfaz urbano-forestal, e incluso nos debería permitir predecir comportamientos futuros, o cómo pueden influir determinadas causas ante un escenario próximo de cambio climático.

Ya sea a nivel local, comarcal, provincial, autonómico o nacional, la estadística de los incendios forestales nos permite obtener una foto fija, por un lado, y una proyección en el tiempo de lo que viene sucediendo, por otro

¿La codificación a nivel nacional es suficiente para definir todos los incendios que se observan en cada una de las regiones o incluso comarcas del país? ¿Es necesario disponer de una nueva codificación?

Personalmente he sido muy crítico con las codificaciones anteriores, no entendía por qué se mantenía una motivación como la piromanía, cuando la incidencia de este trastorno mental es ínfimo, comparado con otras patologías mentales como puede ser el alcoholismo, la esquizofrenia, la oligofrenia…, o por qué los ritos pseudo-religiosos se contemplaban dentro de la causa intencional, cuando para mí era fundamentalmente una imprudencia (y dejemos lo de dolo-eventual para los juristas), pero opino que la codificación actual responde sobradamente a esas necesidades tras la última revisión.

¿Cuál es el futuro de la investigación de causas de incendios? ¿Hacia dónde debe evolucionar esta actividad?

El futuro de la investigación de causas puede ser tan incierto como la política que se aplique en cada comunidad autónoma. Vivimos diferentes realidades en virtud del mapa geopolítico que diversifica este país. Quiero creer en un modelo con Brigadas de Investigación de Incendios Forestales, compuestas por Agentes Forestales (dada su condición de agente de la autoridad y función de policía judicial genérica, y no por otro motivo excluyo a los técnicos forestales), y verdaderamente constituidas como especialidades, que se puedan dedicar en exclusividad al trabajo de investigación y análisis, dotadas de un buen equipamiento, con formación continua y con el apoyo incondicional de sus responsables políticos y operativos.

Recelo completamente de la privatización o semi-privatización que en algunos lugares están intentando introducir, por cuanto que son poderes públicos los que se ejercen desde la investigación, como no podríamos entender que un detective privado investigara un delito de homicidio en lugar de la policía científica. Si algo encaja en la figura del agente forestal en todo esto es precisamente la conjunción de sus conocimientos técnicos junto a sus prerrogativas públicas: capacidad y potestad.

El futuro de la investigación de causas puede ser tan incierto como la política que se aplique en cada comunidad autónoma.  Quiero creer en un modelo con Brigadas de Investigación de Incendios Forestales, compuestas por Agentes Forestales (dada su condición de agente de la autoridad y función de policía judicial genérica), constituidas como especialidades, que se puedan dedicar en exclusividad al trabajo de investigación y análisis, dotadas de un buen equipamiento, con formación continua y con el apoyo incondicional de sus responsables políticos y operativos

Usted ha estudiado miles de informes de incendios y se ha encontrado con todo tipo de “sorpresas” ¿Cuál ha sido el caso más extraño, el que más quebraderos de cabeza le dio o el que recuerda porque los resultados fueron especialmente satisfactorios?

Podría tratar de recordar muchos de los casos que se te quedan en la retina… A bote pronto recuerdo dos muy especialmente. Uno de ellos es de un tronco de un quejigo (Quercus canariensis) completamente verde que salió ardiendo por su copa en el paraje El Zarzalón (Los Barrios) en 1996. El tronco tenía un hueco en su base y estuvo funcionando como un auténtico horno de carbón durante 45 días. El origen estuvo en una hoguera de residuos forestales que se había escapado un mes y medio antes, y que penetró a través de ese hueco, generando una combustión lenta inapreciable, hasta que terminó dando la cara como si fuese una chimenea.

El otro caso que recuerdo ahora, por su rápida resolución, fue un incendio que se produjo tras la inauguración de la autovía A-381 Jerez-Algeciras que atraviesa el Parque Natural Los Alcornocales, rápidamente determinamos que el origen del incendio se originó en unos cortes con radial efectuados a unas señales de tráfico que habían quedado en desuso tras la apertura de la autovía. Este caso lo llevábamos en coordinación con la Unidad de Policía Adscrita a la Junta de Andalucía, a los que sugerimos que le tomaran declaración a los operarios que habían realizado los trabajos mientras terminábamos de hacer la inspección ocular. Dicho y hecho, localizaron a uno de los trabajadores justamente cuando, esa misma tarde, estaba en plena siesta en su casa, y -ante la sorpresa- no tardó en reconocer los hechos. Finalmente condenaron a los trabajadores por delito imprudente y a la empresa por los daños.

¿Es necesario haber vivido muchos incendios forestales para hacer una mejor investigación de causas?

Indudablemente tener experiencia en extinción de incendios forestales te ayuda muchísimo. Ten en cuenta que, durante la investigación, lo que hacemos es prácticamente una reconstrucción de los hechos, volver atrás la moviola del incendio hasta llegar al origen. Para ello, hay que conocer el lenguaje del fuego, analizar cómo fue su evolución e interpretar los vestigios o evidencias físicas que deja. ¿Por qué hay menos vegetación quemada en esta zona? ¿Qué nos dice esta “piel de cocodrilo”? ¿Por qué esta congelación de ramas? Son algunas de las múltiples preguntas que nos hacemos en el área de inicio del incendio.

Tener experiencia en extinción de incendios forestales te ayuda muchísimo. Durante la investigación, lo que hacemos es prácticamente una reconstrucción de los hechos, volver atrás la moviola del incendio hasta llegar al origen. Para ello, hay que conocer el lenguaje del fuego, analizar cómo fue su evolución e interpretar los vestigios o evidencias físicas que deja

¿Se investigan todos los incendios forestales en Andalucía?

Ya sea mediante una investigación inicial o ampliada, se investiga la práctica totalidad de los incendios en los que interviene el dispositivo INFOCA, si bien en algunos casos nos inhibimos por ser finalmente agrícolas o urbanos, al no ser nuestra competencia, o puede que en algunos incendios la causa no llegue a determinarse pasando a ser desconocida. Por cierto, no hay que confundir causa desconocida con incendio no investigado o pendiente de investigación.

¿Qué papel juega los agentes medioambientales en Andalucía en la lucha contra los incendios?

Como bien sabes los modelos de los dispositivos de extinción son diferentes según la comunidad autónoma de la que se trate. En Andalucía concurren la prevención, la extinción y la investigación de los incendios forestales, así como la restauración de las áreas incendiadas, en la administración forestal. Por tanto, los Agentes de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía participamos, de una forma u otra, en cada una de esas fases, ya sea como apoyo a las direcciones de obra de los trabajos preventivos o de restauración, en la elaboración de informes sobre grado de cumplimiento de los planes de prevención, en el régimen de autorizaciones de trabajos forestales y uso del fuego en fincas particulares.

De igual forma, participamos como directores de extinción de los incendios de grados A y B (incipiente y bajo) o apoyo a la dirección técnica de extinción en incendios con ataque ampliado de mayor gravedad, asesorando en el puesto de mando avanzado o haciéndonos cargo de un sector del incendio, o bien investigando el incendio como miembros de la BIIF. En Andalucía, a los funcionarios adscritos a la dirección técnica de extinción y a los Agentes de Medio Ambiente la normativa nos otorga el carácter de autoridad (que no de agente de la autoridad). Pero, sin duda alguna, una de las mayores fortalezas del colectivo radica en su experiencia y conocimiento del territorio.

Con el paso de los años, los agentes medioambientales han aumentado sus funciones en el medio natural, pasaron de ser agentes forestales a ocuparse de un amplio abanico de competencias medioambientales; de vivir en el medio rural a ir a trabajar allí; de ser profesionales formados para ser agentes medioambientales a recibir a distintos titulados universitarios que quizás no tengan la vocación de agente ¿Cómo han afectado todos estos cambios a la actividad del agente forestal o medioambiental?

Afortunadamente vivimos en una sociedad donde el acceso a la enseñanza universitaria es mucho más fácil que antes, pero con un mercado laboral que es incapaz de absorber esa cantidad de egresados universitarios en puestos de trabajo relacionados con su titulación. Por otra parte, la función pública siempre resulta atractiva, dado que te permite una estabilidad laboral, aunque sepas que nunca vayas a ser rico. Si a esta situación le añades que, en determinadas comunidades autónomas, no se exige una titulación específica para acceder al puesto de agente forestal o medioambiental, resulta el nicho ecológico ideal que viene a resolver el problema de determinadas titulaciones (biólogos, ingenieros forestales, ambientalistas…).

Ahora es raro que se incorpore alguien que no tenga titulación universitaria, cuando antes era justamente lo contrario: la mayoría procedíamos de la extraordinaria formación profesional que ofrecían las escuelas de capacitación forestal, por su alto contenido formativo eminentemente práctico. Ahora el perfil es mucho más técnico, pero menos práctico (entiéndase lo de práctico como el concepto de práctico de puerto), y con menos garantía de permanencia en el tiempo (si puede promocionará a un puesto superior).

Ahora es raro que se incorpore alguien que no tenga titulación universitaria, cuando antes era justamente lo contrario: la mayoría procedíamos de la extraordinaria formación profesional que ofrecían las escuelas de capacitación forestal, por su alto contenido formativo eminentemente práctico. Ahora el perfil es mucho más técnico, pero menos práctico y con menos garantía de permanencia en el tiempo (si puede promocionará a un puesto superior)

A su vez, la mayoría de los nuevos compañeros e incluso algunos de los más antiguos que deciden cambiar cuando sus hijos crecen, prefieren vivir en ciudades donde tengan más oportunidades y servicios, y -esto es importante también- donde mantengan un mayor anonimato y consecuentemente mucha menor presión psicosocial. El agente forestal que vive en un pueblo pequeño es, para bien o para mal, el agente forestal las 24 horas del día los 365 días del año. Esto supone a veces una compleja situación a nivel organizativo, porque tratamos de mantener una estructura territorial más propia del siglo XIX en pleno siglo XXI. Cataluña o Madrid han sabido adaptarse más a esta nueva realidad y pilotan su organización territorial en bases operativas, a las que se dirigen los agentes cada día y desde donde cada turno inicia su jornada laboral; mientras que el resto de comunidades autónomas aún seguimos con el concepto de zona, demarcación o cuartel asignado individualmente a cada agente. Aunque todo tiene sus pros y sus contras, como puede ser el conocimiento del territorio.

El agente forestal que vive en un pueblo pequeño es, para bien o para mal, el agente forestal las 24 horas del día los 365 días del año. Esto supone a veces una compleja situación a nivel organizativo, porque tratamos de mantener una estructura territorial más propia del siglo XIX en pleno siglo XXI

Por otro lado, efectivamente el abanico competencial que ahora tenemos en algunos casos es brutal. En Andalucía lo mismo podemos inspeccionar la ocupación del DPMT de un chiringuito en la playa que atender el vertido de una gran industria en la bahía de Algeciras, que asumiendo las competencias históricas de lo que venía siendo la Guardería Forestal, ello sin mencionar la fuerte presión que hoy en día nos supone el uso público en los espacios naturales, todo ello bajo el paraguas de una normativa ambiental extensísima y en constante evolución. Ello implica que acabemos siendo un poco “maestro Liendre” (como decimos por aquí) que de todo sabe y de nada entiende, lo que repercute negativamente en el dominio de ciertas materias, como pueden ser los incendios forestales, ámbito cuya participación debería ser más especializada.

No todo el mundo sirve para dirigir un incendio, puede físicamente hacerlo o quiere participar en la extinción. En conclusión, especialicemos a aquellos que tienen aptitud y actitud para trabajar en algo tan complejo. Esto a veces genera un distanciamiento cada vez mayor del propio dispositivo de extinción al que perteneces, pero del que no te sientes parte, debido a su propia organización.

No todo el mundo sirve para dirigir un incendio, puede físicamente hacerlo o quiere participar en la extinción. Especialicemos a aquellos que tienen aptitud y actitud para trabajar en algo tan complejo. Esto a veces genera un distanciamiento cada vez mayor del propio dispositivo de extinción al que perteneces, pero del que no te sientes parte, debido a su propia organización

¿Hay transferencia de conocimiento y experiencia entre los agentes medioambientales?

Sí que la hay, por supuesto, es la esencia de nuestro aprendizaje. Pero, fíjate, muchas veces es bidireccional: los más veteranos trasmiten su experiencia o bagaje profesional, su extraordinario conocimiento del territorio y de las gentes que lo ocupan, mientras que los más jóvenes traen conocimientos más frescos, el dominio de las nuevas tecnologías o son más adaptativos. El problema está en si nos va a dar tiempo de hacer esa transferencia de conocimiento, pues el ritmo de las jubilaciones e incapacidades anticipadas supera con creces al de las nuevas incorporaciones y las ofertas de empleo público, en un colectivo que ronda ya la media de los 52 años de edad.

Organización territorial, marco de dependencia y organización interna, requisitos de acceso y promoción interna, especialización, relevo generacional y coordinación con otros cuerpos, son los grandes retos de futuro de esta profesión con más de 140 años de antigüedad

O se apuesta por este colectivo o, atendiendo a criterios de la UICN, en poco tiempo seremos una especie en peligro crítico de extinción. Queda pendiente definir también ese triple perfil de la profesión técnico-policial-emergencias: ¿Queremos ser más gestores del territorio, o más policía ambiental? ¿Qué papel debemos ejercer en las emergencias? ¿Bajo qué organización, prerrogativas o competencias?

Organización territorial, marco de dependencia y organización interna, requisitos de acceso y promoción interna, especialización, relevo generacional y coordinación con otros cuerpos, son los grandes retos de futuro de esta profesión con más de 140 años de antigüedad, sobre el prisma de un Estado dividido en 17 comunidades autónomas con diferente visión.

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