Fuente: El Diario

Andoni Díaz, guarda forestal de la Diputación Foral de Álava: "Seguiré luchando aunque sea consciente de que me enfrento a gente muy poderosa”

Encargado de proteger la naturaleza y de castigar a quien la pone en peligro, un policía de los montes. Uno másAndoni Díaz (Vitoria- Gasteiz, 1960) lleva más de 30 años defendiendo la naturaleza. Tanto es así, que ha hecho de su oficio una pasión y una forma de vida. A los 18 años se hizo al monte para apagar incendios forestales y, desde entonces, no ha cesado en su compromiso por cuidar el medio ambiente. Protector incondicional de los seres más vulnerables, no le tiembla el pulso a la hora de denunciar, en los juzgados y ante la Administración, el maltrato animal y el furtivismo, pero todas sus denuncias han sido desoídas después de su tramitación en los despachos.

Díaz y su familia se enfrentan día a día a amenazas de muerte de cazadores en las redes sociales y ahora tienen que hacer frente a una nueva batalla: la Diputación de Álava ha abierto un expediente contra el guarda forestal. Hoy por hoy, el "policía de los montes" desconoce el motivo.

La lucha contra el sector cinegético ha estado a punto de deteriorar su salud. Ha tenido que tomar pastillas para dormir y llegó a adelgazar 20 kilos. Aún así, mantiene el pulso contra la Diputación. No va a quedarse con los brazos cruzados. Incluso ha escrito un libro de relatos, Defendiendo la naturaleza. ¿Me ayudas?, que aúna su experiencia laboral y personal con el medio ambiente, y cuyos beneficios van destinados a la defensa de los animales y a distintas asociaciones que luchan contra el maltrato animal.

¿En qué consiste tu trabajo?

Soy el encargado de proteger la naturaleza y de castigar a quien la pone en peligro, un policía de los montes. Uno más.

Tuviste el valor de denunciar a la Diputación de Álava por sobreseer, rebajar o prescribir de forma sistemática multas de caza. ¿Qué tipo de denuncias interpusiste? 

Cumplía con mi deber y seguía mis principios y convicciones. En su mayoría han sido denuncias a cazadores furtivos, que cazaban fuera del horario establecido, especialmente de noche, utilizando lazos, valiéndose de cepos, sin tener permiso de caza o usando munición que no está permitida. Como nadie tomaba cartas en el asunto, pasados tres años esos casos prescribían y no se pudieron juzgar. Esa es mi pena. Hubo casos en los que tuve que denunciar a varias personas por los mismos hechos y mientras que a algunos de ellos se les desestimó la denuncia, a otros sí que se les amonestó.

¿De todas las multas que pusiste cuantas han salido adelante?

De todas las multas que puse a cazadores furtivos cerca del 50% fueron sobreseídas, sin llegar a ser ejecutadas. Yo era un bote de remo contra un transatlántico, un navío pequeño contra el Titanic. También se sobreseyeron y caducaron otras actuaciones irregulares de cazadores. La cifra total de investigados llegaba a nueve. Estas denuncias quedaron en la nada durante la tramitación en los despachos.

¿Recuerdas alguna de esas denuncias en concreto?

He llegado a denunciar incluso a guardas rurales o guardas de campo por cazar desde un vehículo, en época de veda, con focos luminosos y armas silenciosas. ¡Se suponía que eran compañeros que tenían que velar por el cumplimiento de las leyes de caza! Ese incidente me impactó especialmente, cogerlos con las manos en la masa me sobrecogió.

¿Por qué razón crees que fueron archivadas todas tus denuncias?

Algunos de los denunciados se jactaban de conocer a gente en la Diputación. "Tú denuncia que tengo amistades allí", me dijo un hombre conocido en toda Álava. "Ya tengo quien me la quite". ¿Amiguismo? Quizás. No me podía quedar con los brazos cruzados. Las multas provocan disgustos a quienes las reciben. Soy consciente. ¡No te creas que yo los denuncio porque sí! Los expedientes sancionadores son necesarios y ejemplarizantes.

Sin embargo, hay un funcionario que sí ha sido imputado por estos hechos.

Imputado y acusado por un delito de falsedad documental, sí. Es el jefe del Servicio de Montes de la Diputación alavesa y, presuntamente, evitó tramitar denuncias de caza. Uno de los casos que manipuló esa persona se remonta a 2017. Dos testigos que estaban en una zona escucharon un disparo y en ese mismo instante vieron a dos personas, una de ellas con un arma, arrastrando un corzo muerto. Me llamaron alarmados. Observaron que le cercenaban la cabeza al pobre animal y que escondían el resto del cuerpo. Se marcharon de allí con la cabeza en un coche oficial sabiendo que eso estaba mal. Los testigos denunciaron el hecho en la Diputación y, al haber acudido al lugar de los hechos, yo también lo denuncié. Éramos tres contra la Administración. De nada sirvió. La multa nunca llegó a materializarse. Este es solo uno de los episodios.

La Diputación de Álava te ha abierto un expediente  disciplinario y dices que desconoces el motivo. ¿Has llegado a pensar que sean represalias por parte de la Administración?

¿Cómo puede ser que alguien que se ha dejado la piel tantas veces en el monte para cumplir con sus funciones pueda ser expedientado? La verdad, me ha cogido por sorpresa. Me he topado con un muro. Esto me ha caído como un balde de agua fría. Hace años, cuando inicié esta batalla, me advirtieron de que me iban a abrir un expediente. Entonces acudí a las juntas generales, al departamento foral de Agricultura y hasta a fiscalía. ¡Donde hiciese falta! Pensaba que iba a quedar en un aviso.

Durante 28 años he cumplido con todo lo que tenía que hacer en mi oficio, han sido años dedicados en cuerpo y alma a la causa. Desde la Administración han actuado poniéndome trabas, investigándome, comprobando si hacía denuncias fuera del horario laboral etc. No pensaba que iban a llegar hasta este punto. No es justo que yo me tenga que ver ante un expediente disciplinario por sacar a la luz las injusticias cometidas por la Administración.

Sois cerca de cuarenta guardas en la Diputación Foral. ¿Has tenido el apoyo de otros guardias forestales?

Sí, pero en todos los sitios cuecen habas. Esta misma tarde me ha llamado un compañero de montes apoyándome. A otros, en cambio, les molesta que haya denunciado porque no quieren meterse en problemas. Su postura es libre. Yo nunca he pedido el apoyo de ningún compañero. La causa es justa y hay que combatirla.

Sueles colgar en la red algunas advertencias que has recibido de furtivos. Te han amenazado de muerte al menos diez veces. ¿Has sentido miedo por ti o por tu familia?

Sí, he sentido miedo, pero es un riesgo que hay que asumir. Lo triste es que denuncies y comprobar que esas denuncias no siguen su curso.

¿Cómo son esas amenazas?

De todo tipo. Han puesto mi nombre en una diana en una señal del Parque Natural de Gorbea, me han llegado a decir que me van a quemar la casa por poner una multa por pesca ilegal, que van a ir a por mi familia por mis denuncias y que van a hacer daño a los animales con los que convivimos en el hogar. "Cualquier día tu perro aparece envenenado", me advirtieron. En redes sociales circuló una foto mía apuntado por el cañón de un rifle y la palabra ‘Wanted’. Una vez me encontré a uno y me dijo que ya me pillaría solo por el monte. Terrible.

No me libraba ni estando de servicio. Me acuerdo de una vez en la que, haciendo guardia, escuché una conversación donde había individuos que hablaban de mí por la emisora. Eran los miembros de una batida. "Por ahí abajo está pasando el hijo de puta de Andoni. Al que le pegue un tiro le pago un viaje a Cuba", comentaba uno. Le di el alto, se echó a llorar y el incidente quedó allí.

¿Duelen más las presiones que has recibido de los superiores que las amenazas de las cazadores?

El cazador que amenaza actúa por impulsos, por un calentón. Te intimida y cesa en su empeño por la cuenta que le trae Las amenazas de la gente que supuestamente debería protegerte, de la gente que tiene que velar por tu integridad, me afectan más. Saben dónde darte. Son personas poderosas. Van a intentar causarte el máximo dolor posible. Por ejemplo, todavía hoy me impiden hablar con la prensa directamente, afirman que tengo un contrato de confidencialidad, cosa que no he firmado nunca, y que no puedo daros declaraciones.

Hace no tanto, sin ir más lejos, un equipo de espeleólogos de la Universidad del País Vasco halló restos óseos de nueve perros en el interior de una sima de la sierra de Badaia. Iba a realizar un estudio para esclarecer las causas con ellos a pesar de que los primeros indicios apuntaban a un nuevo episodio de maltrato animal. Desde la Diputación no me permitieron seguir adelante con esa investigación y tampoco me dejaron manifestarme en la prensa sobre el tema.

En El caballo de Nietzsche conocimos el caso de Gloria Moreno, sargento jefe del Seprona, expedientada hasta en cinco ocasiones por investigar casos de maltrato animal. ¿Te has sentido identificado?

Absolutamente. Además de un ejemplo a seguir, es valiente. La conozco de Facebook y hemos hablado unas cuantas veces por teléfono. Tenemos ganas de desvirtualizarnos y me gustaría hacerlo pronto para darle un abrazo. Me han venido bien sus consejos y, de alguna forma, me gustaría agradecérselo. Gloria me ha enseñado que las injusticias, vengan de donde vengan, hay que denunciarlas. No hay que tener miedo a políticos, a técnicos ni a superiores. Al final, la ley pone a cada uno en su lugar. En eso confío.

En todos estos años de trabajo te habrás encontrado con situaciones conmovedoras ¿Alguna anécdota que nos puedas contar?

Hace cuatro años rescatamos a dos jabalíes hembra que habían caído a una balsa. Habían entrado a beber agua y no podían salir. Las sacamos con cuerdas, una me atacó por el estrés que tenía pero el rescate me hizo muy feliz. En general es un trabajo muy bonito y, en parte, duro. Hay veces en las que sientes miedo y pánico, todo a la vez, aunque llegas a casa y te alegras por el deber cumplido. Yo seguiré con mi lucha aun siendo consciente de que me estoy enfrentando a gente muy poderosa. Los animales se merecen esto y más.

El año pasado, por estas fechas, los activistas paralizasteis la caza del último lobo de Álava. Recientemente el Gobierno ha dado un paso crucial para la conservación del lobo ibérico. ¿La prohibición de la caza del lobo ibérico en España protege realmente a la especie?

Es un pequeño paso que se ha dado y sin duda hay que celebrarlo. El lobo y los ganaderos pueden convivir perfectamente y quien no lo crea que hable con los aldeanos de los lugares frecuentados por estos animales. No obstante hay que hacer presión, más seguimientos para intentar parar a los furtivos que los quieren matar. Respecto al lobo de Álava, lo salvamos, sí, pero en un año no hemos vuelto a saber de él. No se le ha vuelto a ver.

El Gobierno vasco mantiene la prohibición de deporte escolar en municipios con una tasa superior a 500 casos por 100.000 habitantes. Al contrario que la caza, continúa prohibida la práctica de actividades deportivas. ¿Es la caza una actividad esencial?

Para nada. Pienso que la naturaleza se puede regular y regenerar por sí misma. La caza no es necesaria pero económicamente hay un grupo de personas a las que les interesa y compensa. Durante el estado de alarma, en Álava se ha autorizado la entrada de cazadores de otras provincias, de cuadrillas enteras. Los cotos mueven mucho dinero.

El Instituto de Políticas Públicas de Protección Animal (IPPPA) ha realizado un estudio sobre el maltrato animal en España. Afirma que el maltrato animal ha crecido durante la pandemia. ¿Intuyes el motivo?

El año pasado me operaron de cáncer. Estuve un tiempo retirado del mundo y, nada más volver a trabajar, el primer fin de semana, me topé de bruces con un cazador que había matado a sus perros dejándolos abandonados en el monte. ¿Casualidad? Por suerte, pude identificar al responsable y actualmente lo está investigando la fiscalía. Muchos de los que cometen estas atrocidades se las saben todas y suelen arrancar el chip de los animales para que no los identifiquen.

¿Qué opinas de los castigos?

Son muy leves y, ante esta realidad, los hay que se creen impunes. No queda otra solución que endurecer la legislación.

Recientemente, el grupo ecologista vasco Eguzki denunció la muerte por disparos de un milano real, que a nivel nacional está catalogado como especie en peligro de extinción en el coto de caza de Zambrana. ¿Este tipo de sucesos son habituales? ¿Se castiga a los delincuentes?

Se están dando casos. No es muy habitual pero quien no tiene respeto no lo tiene con ningún ser. Son expedientes difíciles de esclarecer. Yo mismo he tenido en mis manos a águilas reales muertas por disparos.

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