La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el riesgo de grandes incendios forestales. AEAFMA comparte este artículo de opinión de Alberto Esteban, expresidente de la Asociación y exjefe de la Unidad de Agentes de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza, sobre el papel de los Agentes Forestales y Medioambientales en la vigilancia preventiva y la gestión del territorio.

 Hablemos de prevención de incendios forestales

Llegados a este punto de desastre ambiental por la incesante cadena de incendios forestales acaecidos en nuestra tierra aragonesa y española y en un escenario dónde solo es ciego el que no quiere ver, me propongo opinar de manera constructiva sobre algunos matices que rodean la gestión de los incendios forestales y en concreto el escenario de la prevención.

Parto de la base de que ya son conocidas las variables que inciden en el comportamiento tan virulento de algunos de los actuales incendios forestales, donde las voces más expertas reiteran la necesidad de trabajar la prevención y mantener unos mosaicos de combustible manejables mediante una mayor y mejor gestión del monte. En ningún caso la solución pasa por incrementar sin medida los recursos de extinción.

La prevención atiende a todas aquellas acciones desarrolladas por unos u otros que persiguen por un lado minimizar el número de inicios de incendios forestales, activar con la mayor rapidez posible un equipo de primera intervención que lo deje en un conato, ejecutar trabajos de autoprotección de viviendas o núcleos habitados, e investigar la causalidad de todos los siniestros para mejorar esa misma prevención.

En todas las fases expuestas con anterioridad el colectivo profesional que tiene la encomienda durante todo el año de estar presente en el territorio para cuidarlo mediante una gestión colaborativa y vigilancia preventiva es el de los Agentes Medioambientales.

Cuidar de un rico patrimonio natural que es de todos es cuidar también de sus habitantes bajo la denominada seguridad ambiental, para ello hay que conocer el territorio, su orografía, sus latidos naturales, sus habitantes del sector primario, sus espacios de mayor protección, las especies silvestres que nada dicen, pero tremendamente afectadas por la destrucción de sus hábitats, el comportamiento del fuego, su causalidad, los momentos críticos tras la experiencia adquirida en una profesión dedicada y formada para eso precisamente.

Aunque la dimensión es extrapolable a buena parte de las comunidades autónomas, salvo algunas excepciones, centraré la opinión sobre el caso de Aragón y el municipio de Zaragoza. Aragón mantiene una plantilla de Agentes de Protección de la Naturaleza que protagonizan la dirección de extinción a pie de llama en más del 95% de los inicios de incendio, es decir, los responsables de que el incendio no alcance la notoriedad mediática que todos estamos viviendo estos días. Pero además de esta tarea de extinción, debieran hacer la vigilancia preventiva para minimizar que la ignición se produzca, y eso solo se consigue teniendo efectivos suficientes (patrullas) para vigilar y hacer cumplir las conductas prohibidas por el NAPIF Rojo o Rojo Plus por ejemplo, para garantizar que los trabajos de autoprotección en las viviendas y núcleos habitados mandatados por el PROCINFO se cumplan, para hacer seguimientos activos de patrullaje diurno y nocturno sobre la causalidad ligada al rayo (> 40% en Aragón), y en general para informar y/o denunciar cuantas conductas humanas puedan incidir en la chispa de inicio (barbacoas/trabajos en áreas de riesgo/presencia humana por cualquier rincón de nuestro entorno natural, etc.). Pues bien, para esto me atrevería a decir que prácticamente no hay nadie disponible. Es evidente que las plantillas “preventivas” o el recurso humano para esta “prevención”, tiene una pérdida constante de efectivos, por lo que el factor preventivo es ínfimo o mucho menor de lo que proponen los expertos. Hace 50 años España contaba con 10.000 agentes forestales/medioambientales en las distintas administraciones públicas. Hoy solo quedan 6.500.

El caso del municipio de Zaragoza sería también claro y llamativo, precisamente en esa variable de prevención ya reiterada. La Unidad Verde (Agentes de Medio Ambiente) desarrolla esta labor preventiva y de intervención rápida ante el análisis del conato dotados de EPIs y material básico para dicha intervención. Los montes patrimoniales de gestión obligatoria municipal y los bosques ubicados en suelos de dominio público eran los lugares de vigilancia preventiva (una patrulla en la zona norte de la ciudad y otra en la zona sur cuando éramos 21) comunicados con el punto fijo de vigilancia completaban un esfuerzo municipal necesario y eficiente, dado que la vigilancia preventiva desplegada por los agentes de medio ambiente se adentraba por los lugares de mayor riesgo y actividades peligrosas, a las horas, momentos y lugares de mayor causalidad, atendiendo a los datos que arrojaban las estadísticas e informes de años anteriores, para informar/denunciar, en definitiva “reducir el riesgo de inicio”.

El slogan “TODOS contra el fuego” del recordado conejo Fidel invocando a ciudadanos, y sobre todo al sumatorio de esfuerzos de las tres administraciones públicas ante un problema que es de todos, es más necesario que nunca. Los recursos en prevención son mucho más rentables que los recursos en extinción, cuyo equilibrio debe estar perfectamente medido y ponderado.

Pues en este contexto y relato, el verano de 2026 en Zaragoza la plantilla de los agentes de medio ambiente de esta administración local ha quedado reducida a 6 agentes operativos y con ello la práctica totalidad de la prevención de los incendios forestales ha decaído. Cuando 6 agentes forestales patrullan en parejas y tienen que cubrir los 7 días de la semana en periodo vacacional...hagan números. La responsabilidad es evidente.

Invocar a través de estas líneas la atención de quienes hoy tienen la responsabilidad de prevenir con acciones y hechos los incendios forestales y de interfaz urbano-agrícola-forestal en Zaragoza, Aragón y cualquier lugar planetario.

 

Autor: Alberto Esteban

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